• Jimena Fer Libro

¿Cómo construir escenas?

Actualizado: 26 feb

La escena es la célula del cuerpo de la novela. En el primer artículo sobre la escena ya hemos tratado su idiosincrasia. Ahora nos ocuparemos de construirla. Hay muchas formas de construir escenas, yo te propongo una de las que me ha dado mejor resultado con autores en los últimos años. Analizaremos su estructura en 4 puntos y te daré ejemplos concretos.


1) Vamos a empezar por el capítulo, por ponerle un título. Procura que sea una frase que cuente lo esencial de ese capítulo. Pongamos, por ejemplo, que es el capítulo 3 de La Caperucita y lo titulamos como “Caperucita se encuentra con el Lobo disfrazado de abuelita”.



2) Necesitamos tener muy claro es de dónde venimos, es decir: ¿qué pasó junto antes?

Pues Caperucita desobedeció a su madre y paseó por el bosque, jugó con los animales del bosque, a lo mejor se sentó y se comió un bollo, repartió la mitad con los pájaros, jugó con ellos y de repente se le hizo tarde. Le entró un poco de culpa porque recordó las palabras de su madre y porque la abuelita la estaba esperando. Así que se apresura en llegar aunque tarda un poco por haberse alejado del camino. Llega a la puerta y llama, un poco avergonzada y un poco contenta.


3) En este capítulo que hemos titulado “Caperucita se encuentra con el Lobo disfrazado de abuelita” necesitamos determinar algunas cuestiones muy importantes:


a. dónde está el protagonista;

b. cómo está, quién es el protagonista (o el personaje en cuestión) en este preciso instante.


Estos dos puntos anteriores nos dan el marco de la acción y el ambiente. Los necesitamos. Y como sabemos de dónde venimos, podemos determinar el próximo paso en la evolución de la historia y de Caperucita. Ya sabemos que era tarde, que la Caperucita está avergonzada y contenta, quizás un poco nerviosa. Es momento de mostrar el dónde y el cómo, el ambiente externo e interno.


Ejemplo:

Caperucita llegó a toda prisa a la casa de su abuela cuando estaba anocheciendo. No podía ver más que la luz de una vela en el interior de la casa. Se detuvo un minuto a ponerse la capa bien, secarse el sudor y quitarse la tierra de los zapatos nuevos. No quería decepcionar a su abuela. Respiró hondo y llamó a la puerta. Su corazón contaba cada golpe intentando desvelar en su pecho que algo importante estaba a punto de suceder. Pero Caperucita no quería demorarse más, no podía perder el tiempo escuchando cosas de la misma sinrazón que la había llevado a perder el tiempo en el bosque. Había sido una tontería y su abuela estaría preocupada. Podía adivinar la reprimenda de su madre.


Ya tenemos a nuestra protagonista bien a la vista. Podemos ponernos a su lado, sentir lo que siente, somos testigos de su vida en este momento y podemos observar el origen de la tragedia, vemos incluso más que ella misma. Ahí estamos de pie y a su lado sin poder hacer nada. No la vemos bien porque está oscuro, pero la sentimos. Nuestro corazón puede palpitar por ella.




c. El conflicto. ¿Qué pasa?

Ahora nos interesa un conflicto. Y en este caso está bien claro, Caperucita está a punto de meterse en la boca del lobo. Podemos contar el momento con los ojos de Caperucita porque para algo somos empáticos y porque si eres un escritor novel (como la mayoría de quienes me siguen y que constituyen mi público) es mucho más sencillo. Si estás empezando, comienza por lo sencillo y ve creciendo hasta ser capaz de resolver todas las complejidades narrativas que se te presenten, Aquí estamos aprendiendo el abecedario de la narrativa. Practícalo, usa las letras para formar tus palabras y luego frases, ya te llegará el momento y de forma natural de resolver dificultades mayores. Y también porque el conflicto no es solo para nuestro personaje sino para los lectores. ¿Y qué sucede en un conflicto? Pues que hay un personaje al que conocemos que está en un momento difícil. ¿Qué conocemos de Caperucita hasta ahora? Sabemos que es muy inocente, idealista, alegre, tímida, que ha sido desobediente, que se deja llevar por el momento sin darse mucha cuenta de lo que sucede. Puede que Caperucita tenga un elefante enfrente de sus ojos y no lo vea. Caperucita cree lo que le dicen aunque la realidad demuestre lo contrario, no sabe escucharse, no sabe ver el peligro, es muy crédula, incluso. Es una niña que va por el mundo con el corazón en la mano. La inocencia tiene grandes aspectos positivos y negativos, nos vienen genial para los personajes y sus aventuras.

Este conflicto de ahora se basa precisamente en que un personaje inocente y crédulo se enfrenta con el engaño y el peligro. El personaje de la escena, el protagonista, y el conflicto central siempre van de la mano y dibujan el recorrido emocional del protagonista. ¿Cómo? Lo acabamos de ver en el ejemplo anterior y lo seguimos observando en el siguiente. Pero recordemos el conflicto central y crucial de Caperucita que es su inocencia frente al mundo.


Otro ejemplo para esta etapa vinculada a lo que acabo de explicarte:


Caperucita volvió a llamar a la puerta. Sin respuesta. Repasó una vez más su capa y sus zapatos, apretó el lazo de sus trenzas y llamó de nuevo, esta vez se identificó porque imaginó, creyéndose muy inteligente por ello, que su abuela no sabría que se trataba de ella.
— Abuelita, soy yo, Caperucita, ábreme — repitió tres veces.
Y esta vez obtuvo una respuesta que no pudo oír bien, pero estaba muy satisfecha de sí misma, lo había logrado. 
Empujó la enorme puerta que se resistía a dejarla entrar como animada de una fuerza mágica. Una ráfaga de viento puso la habitación en penumbras, todas las velas se apagaron obedeciendo un mandato inequívoco.
— ¿Abuelita?
El lobo la estaba esperando en el dormitorio vestido con la ropa de la abuelita que ya nada podía hacer desde el vientre lleno del animal. Pero gritó y fue como un aullido inevitable. Caperucita corrió en todas direcciones sin acertar a dar con la puerta que la conduciría hacia destino. Se puso a cantar, como cada vez que tenía miedo. Su voz era tan suave, la canción tan tierna y el Lobo se dejó llevar por aquella melodía hasta un bosque lejano junto a sus hermanos y su madre, antes del terrible invierno que lo había cambiado todo.


Ya hemos presentado el conflicto, las emociones de la protagonista han evolucionado, hay cambios. Caperucita ha entrado en la casa, su inocencia la lleva a sentir que ha logrado algo positivo cuando en realidad es todo lo contrario y así mostramos su inocencia. El lobo aparece, no sabemos cómo reaccionará la protagonista, aunque lo supongamos (y más en este caso que se trata de una historia que conocemos de sobras en el mundo occidental). Podemos jugar con el conflicto y las expectativas de los lectores, con sus emociones. Conflicto, emociones y cambios son el trío de la narrativa que una escena necesita. Y son lo que impulsa a los personajes a hacer cosas. Sin acción no hay nada, pero la acción está impulsada y apoyada por el trío formado por el conflicto, las emociones y los cambios.

El conflicto es la piedra en el camino y cuando se presenta revela al personaje un poco más. No es lo mismo apartar la piedra que darle un puntapié o dinamitarla. Cada elección de un personaje en el conflicto nos lleva a algo diferente, crea intriga, aumenta la empatía y nos deja ver cómo crece el personaje. Y nada de esto puede suceder sin cambio, sin desarrollo.




d. Resultado

Ya ha pasado algo y ahora necesitamos ver las consecuencias. No podemos olvidar que estas consecuencias son un nuevo peldaño que nos llevan a la próxima escena. Para el resultado contamos con varias posibilidades:

  1. El Lobo se duerme, la Caperucita lo verá y le dará tiempo a huir;

  2. La Caperucita se esconde muerta de miedo mientras sigue cantando y el Lobo da con ella

  3. La Caperucita sigue cantando, ve al Lobo y sus orejas y...

  4. La Caperucita le pone una trampa al Lobo.

  5. La Caperucita llega al dormitorio, ve al Lobo, lo despierta y le pregunta por su abuela.

  6. La Caperucita sigue cantando en la oscuridad y se cae por las escaleras hacia el sótano

  7. y muchas cosas más que podrían suceder.

¿Cuál opción nos conviene? ¿La que nos guste más? No. Solo nos vale la que puede tener más sentido con lo que queremos contar, con lo que hemos contado hasta ahora, con el tema que hayamos elegido (en este caso, la inocencia). Las anteriores opciones 1 y 4 se nos quedan fuera porque no se trata de lo que nos guste más, se trata de lo que es coherente con la historia y de lo que es más coherente. La opción 2 resultaría un poco forzada porque la inocencia de La Caperucita no la deja sentir el miedo. La opción 5 implicaría que la inocencia es alta y solo nos queda opción para lo peor, una oscuridad que mancha todo. La opción 6 implica inocencia, pero no es determinante y pondría a la Caperucita en otro conflicto, jugamos más con los lectores, les dejamos pensar que podría salvarse. La opción 3 nos conduciría la cuento clásico y que los lectores crean que saben lo que va a pasar.

Y dado que nos ocupamos de la inocencia, nuestro tema, podemos elegir que la inocencia nos salva de todo mágicamente o que nos lleva a aprender a saber cuidarnos o a armar una revolución. ¿Cuál nos da más juego, más intriga? Eso es lo que hay que elegir. Y que nos guste, obviamente.


El resultado te lo dejo a ti para que continúes la historia. Puedes dejarla en los comentarios, algo breve, este no es el espacio para escribir una novela entera ni un párrafo de más de diez líneas. Además es crucial que justifiques tu opción desde el tema central sin necesidad de explicarlo, se ha de notar en lo que escribes. Tu capacidad de abrazar la precisión te mostrará.

 

Resumamos los puntos esenciales para construir escenas:

  1. Título del capítulo

  2. ¿Qué pasó junto antes?

  3. Perfilamos la escena:

a. Dónde está el protagonista

b. Cómo está, quién es el protagonista (o el personaje en cuestión) en este preciso instante.

c. El conflicto. ¿Qué pasa?

d. Resultado.

 

Ya hemos resuelto la cuestión de cómo construir escenas. La estructura de una escena es muy simple, pero no por ello sencilla. Implica tener en cuenta muchos aspectos. Pero con esta estructura que acabamos de analizar, allanamos el camino para que te puedas centrar en todos esos aspectos sin perder la historia ni perderte entre toda una serie de cuestiones que en tantas ocasiones se presentan de forma compleja. Mi lema es que para domesticar lo complejo, es necesario conocer sus ejes y a partir de ahí centrarnos en las complejidades sin perdernos narrativamente.



 

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