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La novela no es ideas

Actualizado: 19 ene

Una idea por sí sola no hace una novela. La idea es la semilla inicial y todo depende de cómo las desarrolles. Escribir es reflexionar y elegir. Transformar la idea en novela requiere determinados pasos concretos y sobre todo, tiempo. Antes de nada, grábate esta máxima: la novela no es ideas. En todo caso, la novela es personajes y emociones.


¿Qué convierte una idea en una novela excepcional?

De la idea a la novela: elevar la novela

De la idea a la novela: pautas para elevar ideas y escribir una novela

De la idea a la novela: conclusiones


¿Qué convierte una idea en una novela excepcional?

Ya sabemos que la novela no es ideas. Entonces necesitamos estudiar lo que convierte una idea en una novela. Ya te adelanto que el secreto mayor reside en tu mirada. Efectivamente, la manera en que ves el mundo que pertenece única y exclusivamente a ti como ser diferente. Si caminas de una determinada manera, hablas de una determinada manera, comes de una determinada manera, también escribes y ves la vida de una determinada manera. A lo mejor te resulta difícil contestar a la pregunta sobre cómo ves la vida; pero sí que puedes sentarte en algún lugar tranquilo y mirar a tu alrededor, ver más allá y descubrir el significado profundo de un semáforo, un árbol, un perro, un gato o una canción, un momento de espera interminable o tantas otras cosas más.


Ayuda que tengas un cuaderno y vayas apuntando cada día durante unos 10 o 20 minutos qué ves y como verías lo mismo desde la perspectiva de otra persona completamente diferente, desde otro sitio o desde la perspectiva de una planta o un animal. Es como sacar fotos desde diferentes ángulos, pero con palabras.


Cada vez que la mirada de un escritor se detiene en algo, ve más allá porque se hace las preguntas necesarias que luego articulan toda la novela: ¿por qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿cuándo? Buscar el porqué profundo implica dar significado a cada objeto y cada personaje de la novela. Es un ejercicio que puedes hacer cada día para impulsar tu escritura. Este un proceso empieza ya a partir del momento en que se comienza a desarrollar la idea para una novela. Creo que ya puedes comenzar a entender porqué la novela no es ideas, ¿verdad?


De la idea a la novela: elevar la novela

Estamos inmersos en el reto #CarnavalNarrativo a través de mi Boletín. El día 1 contenía la siguiente pregunta:


Para trasformar una idea en novela, hay que …. (solo 1 palabra)


La única respuesta posible es... ¡Elevarla!


Menciono la palabra "elevar" en mi boletín en cuatro ocasiones. Y además de forma muy directa: "Pero una gran idea no hace una novela. Es más, muchas ideas pueden quedarse bastante cortas como semillas de un gran bosque. Tienes que elevar tu idea a un nivel superior y eso solo es posible si le das forma de premisa." Insisto: la novela no es ideas.


Si quieres elevar mucho una idea tienes que buscar aquello que le da una vuelta a lo esperado o a las expectativas.



De la idea a la novela: pautas para elevar ideas y escribir una novela

Como la novela no es ideas, necesitas trabajarlas, darles la vuelta, reflexionar y mirar atentamente. Cuando estás trabajando sobre una idea, puedes hacerte más preguntas a modo de prueba para saber si vas por buen camino. A continuación, te sugiero algunas opciones que te servirán:

1. ¿Cuál es tu idea? Escríbela. ¿Cuáles son las circunstancias que dan un giro a una idea para hacerla algo único, original e inolvidable? Haz una lista de posibilidades.


2. Haz impuesto circunstancias que retan a tu idea con el truco del "¿Qué pasaría si..." ¿Qué pasaría si esta idea se topa con estas circunstancias que la desafían? Ahora es importante que analices la relación que hay entre esas circunstancias y los deseos y temores de tu protagonista. Si no hay ninguna relación, no vas por buen camino.


3. ¿Qué es lo que más te gusta sobre la manera en que estás desarrollando tu idea? ¿Crees que llamará la atención a tus lectores también? ¿Por qué? ¿Puedes darle una vuelta más? Inténtalo, ponte a prueba.


4. Imagina una imagen que simbolice tu historia. Tiene que llamar la atención, obviamente. ¿Qué momento representa esa imagen? Si no es un momento crucial, no te interesa.