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La IA ya está dentro de las editoriales. Ahora empieza la pelea de verdad

Foto del escritor: Jimena Fer Libro
Jimena Fer Libro
28 sept
32 min de lectura

Actualizado: 29 sept

La ficción crece, los editores siguen hablando de criterio y humanidad y, mientras tanto, la inteligencia artificial avanza por las zonas menos visibles del libro.


La IA ya está cambiando las editoriales por dentro. La verdadera pelea empieza en el criterio, los filtros, los derechos y la confianza. El problema ya no es si una máquina puede escribir una novela. Es quién decide qué leemos, quién controla los filtros, qué significa todavía el criterio editorial y cuánto estamos dispuestos a renunciar para defenderlo.


Hace unos meses escribí sobre unos zapatos de una editora muy conocida. No era exactamente un artículo sobre zapatos, claro, sino sobre editores hablando de inteligencia artificial, sobre cómo se presentan ante el mundo y sobre las palabras que elegimos cuando todavía no sabemos muy bien qué estamos dispuestos a perder. Criterio, voz, singularidad, creatividad, humanidad. Palabras estupendas, que yo misma utilizo, pero que empiezan a presentar un problema cuando permiten defenderlo todo sin obligarnos a renunciar a nada. Ahora tenemos más información, más casos y un informe editorial nuevo que permite mirar con bastante más precisión qué están haciendo las editoriales. Y la pregunta ha dejado de ser futurista. La IA ya está dentro.


Índice

Introducción

Por entonces me interesaba saber si la inteligencia artificial iba a modificar el trabajo editorial de verdad y dónde estaba el coste de las posiciones que estábamos escuchando. Defender el criterio humano mientras la IA mejora la productividad, abarata procesos, acelera tareas y no obliga a prescindir de ninguna de esas ventajas resulta bastante fácil. Otra cosa es decidir que existe algo que no estamos dispuestos a automatizar aunque hacerlo sea posible, más rápido y más barato.


Ahora tenemos bastante más información. El informe de Proyecto451 sobre La política de IA de tu editorial, publicado hace tan solo unos días, en este mismo septiembre de 2026, permite distinguir qué han puesto realmente por escrito los grandes grupos, qué se conoce por declaraciones, qué prácticas están documentadas y qué no se ha podido localizar. El propio informe insiste en una precisión fundamental: «no localizado» no significa «no existe», sino que una búsqueda documentada no ha encontrado una política pública.   


En una mano tengo todo ese material y en la otra, los datos recientes del mercado de ficción, con las investigaciones iberoamericanas y con las preguntas que llevo meses planteando sobre escritores, editores y máquinas, la conclusión se vuelve bastante más incómoda. La IA no está esperando a que el sector editorial termine de decidir qué piensa sobre ella. Ha entrado ya y, en buena medida, ha empezado precisamente por las zonas donde menos se ve.


Antes de seguir quiero dejar una cuestión de autoría especialmente clara, porque este artículo nace de información documentada, pero su estructura conceptual no pertenece a las fuentes que utilizo. Quiero proponer una clara distinción entre varios elementos que entran en juego en la realidad del mundo del libro. Así considero una línea de trabajo que llevo desarrollando en artículos anteriores. Organizo esta información con sus antecedentes y categorías necesarias para pensar mejor el problema. Las conclusiones que construyo a partir de ellas son mías. Y considero diferentes elementos como

  • la IA operativa y la IA valorativa,

  • la idea de que el criterio solo depende de la experiencia humana,

  • el precio de cuando un valor obliga a renunciar a alguna ventaja,

  • la oposición entre humanidad visible y automatización invisible,

  • la redefinición del editor como garante de procedencia, criterio y confianza

  • y la hipótesis sobre los riesgos que pueden sufrir las obras menos clasificables


1. La ficción no se está muriendo. Eso cambia todo

Empecemos por desmontar una idea que contamina buena parte de esta conversación. La IA no está entrando en un sector de ficción agonizante al que haga falta rescatar aumentando la productividad. La ficción vende y, en varios de los principales mercados en español y portugués, está creciendo con fuerza. Esto cambia el punto de partida, no estamos intentando averiguar cómo una tecnología nueva puede salvar una actividad que los lectores hayan abandonado, sino qué puede hacer esa tecnología dentro de un mercado que sigue teniendo un peso cultural y económico enormes.


En España, la ficción para adultos facturó 831,1 millones de euros en 2025 y representó el 26,5 % del mercado interior. Creció un 17,2 % respecto al año anterior. La novela alcanzó 768,9 millones y aumentó un 17,5 %, mientras la contemporánea creció un 20,8 %, la romántica un 17 %, la policiaca y de espionaje un 14,5 % y la erótica un 26,3 %, según el avance del Comercio Interior del Libro en España 2025 de la Federación de Gremios de Editores de España. No parece precisamente la radiografía de un género que necesite que una máquina venga a resucitarlo.


México presenta otra imagen, pero una dirección parecida. La ficción adulta aumentó su peso en ejemplares vendidos, alcanzó el 25,9 % de la facturación comercial y registró algunos de los mayores crecimientos de las categorías analizadas por CANIEM y NielsenIQ. Brasil también ve crecer con fuerza la ficción adulta en 2025 y, por primera vez, la ficción ha encabezado las unidades de contenido digital vendidas a la carta. Los mercados no son idénticos, pero la lectura común resulta bastante clara: la ficción continúa encontrando lectores, muchos lectores.

Argentina ofrece una situación económica diferente y precisamente por eso resulta interesante mirar otro dato. En 2025 aumentó el número de publicaciones registradas, las pequeñas y medianas editoriales generaron el 74 % de los nuevos títulos comerciales y la autoedición alcanzó un máximo de 6.078 publicaciones, mientras las tiradas llevan años reduciéndose. Es posible que crezca el número de libros y, al mismo tiempo, que cada libro dispute una porción menor de la atención disponible.


Los mercados son distintos, pero una tendencia empieza a repetirse. Tenemos mayor capacidad para producir, más vías para publicar y más títulos compitiendo por los mismos ojos. La ficción continúa interesando mucho a los lectores, lo que cambia es el lugar donde aparece la verdadera dificultad. Cada vez cuesta menos producir algo que formalmente parece un libro y cada vez cuesta más conseguir que ese libro importe, encuentre a sus lectores, se distinga y genere confianza. Más lectores, más libros, menos visibilidad. El interés lector es el verdadero filtro. El problema de la IA para la literatura no comienza cuando una máquina consigue escribir una novela sino bastante antes, cuando producir texto deja de ser un bien escaso.


  • La ficción continúa teniendo un peso cultural y económico enorme.

  • Los principales mercados analizados no muestran una retirada general del lector de ficción.

  • La capacidad para producir títulos crece más deprisa que la atención disponible.

  • El problema deja de ser únicamente producir y pasa a ser distinguir, encontrar y generar confianza.

  • La IA entra en un mercado vivo, no en uno que necesite ser resucitado.


2. La IA ha entrado antes que las políticas

Aquí aparece la primera conclusión de peso específico. Cuando escribí sobre aquellos editores hablando de IA me interesaba especialmente la comodidad de los argumentos. Se defendían el criterio, la singularidad, la autoría y la creatividad humana, pero costaba encontrar decisiones que realmente obligaran a elegir entre eficiencia y principios. Todo parecía compatible con todo: la humanidad seguía en el centro, la tecnología ayudaría, los editores conservarían su criterio y nadie parecía obligado a renunciar a ninguna ventaja.


El informe de Proyecto451 aporta ahora un dato difícil de ignorar. En septiembre de 2026 no había localizado políticas públicas propias de IA de Grupo Planeta, PRH Grupo Editorial, SM, Edelvives, Anaya y otros actores importantes de España y América Latina. El informe documenta, por ejemplo, que PRH Grupo Editorial incorpora desde octubre de 2024 una cláusula de reserva de derechos en los créditos y que Planeta aparece por el caso de la cubierta de Juana de Arco, publicada por Destino y realizada con herramientas que incorporaban IA.     

Seamos precisos. Que no se haya localizado una política pública no significa que la editorial carezca de reglas internas y tampoco significa que no utilice IA. Hay que distinguir expresamente, tal como reza en el informe editorial sobre la IA, entre política escrita, declaración de directivo, práctica observada y ausencia de documentación localizada. Esa distancia entre lo que una empresa hace y lo que hace público es precisamente una de las cuestiones interesantes del problema y del sector del libro en España desde siempre.


También contamos con encuestas iberoamericanas que documentan utilización de inteligencia artificial generativa en procesos editoriales que ya han desembocado en libros publicados. No constituyen un censo ni permiten extrapolar porcentajes a todo el sector, pero demuestran algo bastante más importante para este artículo: la práctica no está esperando a que exista una doctrina común.


El sector está utilizando estas herramientas mientras continúa discutiendo qué significan, dónde deben situarse los límites y qué debe comunicarse. Una corrección, una cubierta, un resumen, una clasificación, un informe preliminar, una traducción de prueba, un texto promocional o una búsqueda de comparables pueden parecer decisiones menores cuando se contemplan por separado. Al reunirlas aparece otra cosa muy evidente como una transformación del flujo editorial que avanza antes de que el sector haya formulado públicamente hasta dónde quiere que llegue.


  • La utilización práctica de IA avanza antes que muchas políticas públicas.

  • «No localizado» no equivale a «no existe».

  • Declaraciones públicas y reglas escritas no son la misma cosa.

  • Pequeñas automatizaciones pueden producir un cambio estructural cuando se acumulan.

  • La norma está llegando después que la práctica.


3. Hay una tercera clase de IA que casi nadie está nombrando

Proyecto451 propone una distinción muy útil entre usos operativos y usos creativos. Los operativos trabajan sobre material publicado o metadatos sin tocar directamente la obra: palabras clave, códigos temáticos, análisis de catálogo o marketing. Los usos creativos afectan al texto, la imagen o la voz del libro. La diferencia importa porque algunas políticas permiten determinados usos operativos y condicionan los creativos al consentimiento de los titulares.     


Para la ficción esa clasificación se me queda corta. Existe un territorio exactamente en medio y puede resultar muchísimo más importante que algunos de los usos creativos que concentran la conversación. Propongo llamarlo IA valorativa: la IA que no crea necesariamente una obra, pero interviene sobre el juicio que se forma alrededor de ella.


Pensemos en lo que ocurre cuando llega un manuscrito. Antes de que un editor lo lea, un sistema puede resumirlo, identificar su género, buscar títulos comparables, señalar temas dominantes, clasificar personajes, detectar determinados patrones, estimar públicos posibles o ayudar a ordenar cientos de originales según determinadas marcas. Ninguna de esas operaciones escribe necesariamente una sola frase de la novela. Y todas pueden modificar la forma en que alguien entra en ella. Así que clasificar esos usos como meramente operativos me parece insuficiente dentro de la ficción. Una recomendación de comparables y referencias que determinan el lugar de un manuscrito en un catálogo no es igual que generar una factura, un resumen previo no es igual que organizar un calendario y un análisis sobre un manuscrito no es igual que convertir un archivo. La IA puede no haber tocado la novela y, aun así, haber intervenido ya sobre la mirada que decidirá qué novela existe editorialmente.


Entonces aparece una pregunta bastante más incómoda que «¿usaremos IA para corregir?». Entonces cabe preguntarnos en qué momento empieza el criterio de uso. Podemos decir que nace cuando el editor toma la decisión final, pero quizá comenzó media hora antes, cuando alguien o algo le dijo de qué trataba el manuscrito, a qué se parecía, dónde estaban sus supuestos problemas y dentro de qué casilla debía mirarlo. No tenemos datos suficientes para medir cuánto puede condicionar ese encuadre la lectura posterior, y sería una barbaridad fingir que sí los tenemos. Sí sabemos que algunas de las tareas clasificadas como operativas están extraordinariamente cerca del corazón de la evaluación editorial.


Para la ficción no bastará con preguntar qué puede escribir una IA. Tendremos que preguntarnos también qué puede mirar por nosotros antes de que miremos nosotros mismos. Una parte importante del futuro del criterio podría decidirse exactamente en esa zona poco visible.


  • La división entre IA operativa y creativa no explica todo lo que ocurre en ficción.

  • Propongo una tercera categoría: IA evaluativa o IA de criterio.

  • Un sistema puede condicionar la mirada sin escribir una sola frase.

  • Resumir, comparar o clasificar un manuscrito no son tareas neutrales por definición.

  • El criterio puede empezar antes de la decisión final del editor.


4. El criterio humano solo vale si alguna vez obliga a renunciar a algo

Volvemos a una palabra que aparece continuamente cuando los editores hablan del futuro: criterio. Si el futuro de la edición depende del criterio humano, estupendo. Yo también creo que será uno de los grandes valores del oficio. La cuestión empieza cuando intentamos definir qué significa defenderlo y hasta dónde estamos dispuestos a llegar cuando entre en conflicto con una ganancia real de eficiencia.


Si defendemos el criterio humano y al mismo tiempo automatizamos cualquier fase siempre que ahorre veinte minutos, la palabra corre el peligro de convertirse en decoración corporativa. El compromiso empieza cuando aparece un coste. Si una editorial considera que su ventaja frente a una avalancha de contenidos será precisamente la calidad de su juicio, quizá deba limitar algunos procesos aunque la tecnología permita acelerarlos.

Puede significar que el editor se enfrente al manuscrito antes de recibir determinados resúmenes, que algunos originales no pasen por sistemas automáticos de clasificación antes de la lectura o que determinadas evaluaciones no se externalicen a una máquina. También puede significar algo mucho más antiguo y poco espectacular como aceptar que leer cuesta tiempo, que desarrollar criterio cuesta años y que esa lentitud no es necesariamente una ineficiencia que debamos eliminar.


Quizá una parte del producto editorial sea precisamente ese tiempo. Si lo es, defenderlo puede obligar a publicar menos, tardar más, pagar más o renunciar a alguna facilidad tecnológica. Aquí aparece por fin la decisión que echaba de menos cuando escribí sobre Los editores, la IA y los zapatos de Silvia Sesé y que estriba en que defender algo significa, en algún momento, estar dispuesto a perder una ventaja para conservarlo. Si ninguna decisión cuesta nada y absolutamente todo es compatible con la eficiencia máxima, quizá no estemos hablando de principios. Quizá estemos hablando de branding.


  • El criterio humano necesita una definición operativa, no solo una declaración.

  • Defenderlo puede entrar en conflicto con velocidad y ahorro.

  • Leer y desarrollar criterio requieren tiempo.

  • Algunas automatizaciones pueden ser técnicamente posibles y editorialmente indeseables.

  • Un principio empieza a verse cuando obliga a renunciar a alguna ventaja.


5. Los zapatos siguen ahí. Lo invisible es lo que está cambiando

Vuelvo a los zapatos porque ahora tienen bastante más sentido que cuando escribí aquel artículo. ¡Y hace tan solo unos meses! El mundo editorial continúa representándose de una manera profundamente humana. Vemos al editor con su rostro, su gusto, su biblioteca, su trayectoria, sus autores, su manera de hablar, su ropa, sus gestos y su catálogo. Esa representación construye autoridad cultural y forma parte de la relación de confianza que el sector ha mantenido con autores y lectores.


Mientras tanto, una parte creciente de la automatización puede producirse exactamente donde el público no mira, en la corrección, la clasificación, el marketing, las traducciones de trabajo, los metadatos, la prospección, el análisis, etc. Así la producción de materiales pueden transformarse sin que cambie demasiado la imagen pública de la institución. No hace falta sustituir al editor en la fotografía para modificar profundamente el sistema editorial. Basta con transformar las capas que preparan lo que ese editor ve y aquello sobre lo que después tomará decisiones.


Aquí aparece una asimetría que me interesa cada vez más y que forma parte de mi lectura de este proceso: la humanidad continúa siendo muy visible mientras la automatización puede permanecer casi completamente invisible. No afirmo que exista una conspiración destinada a ocultarla. No, lo siento, no hay conjura. No tenemos datos para sostener algo parecido y, además, la explicación estructural es bastante más interesante.


La cultura editorial lleva décadas haciendo visibles determinadas figuras humanas y dejando fuera de campo buena parte de sus procesos técnicos. Y muchos han tenido que aguantarse mal tratados y peor pagados. La IA entra con enorme facilidad por ese fuera de campo. Los zapatos continúan ahí, los discursos también, pero lo importante ya no es solamente quién los lleva o qué imagen proyecta, sino qué empieza a ocurrir detrás de ellos.


  • La autoridad editorial continúa representándose mediante figuras humanas.

  • Buena parte de la automatización puede producirse fuera de la vista del lector.

  • No hace falta sustituir públicamente al editor para transformar su trabajo.

  • Humanidad visible y automatización invisible pueden coexistir perfectamente.

  • La parte menos espectacular de la IA puede resultar la más estructural.


6. Proteger una obra no significa desaparecer de las máquinas

En otro de mis artículos planteaba una paradoja que sigue preocupándome. Si cada vez más búsquedas, recomendaciones y consultas culturales están mediadas por sistemas automáticos, ¿cómo protege un autor su obra sin desaparecer precisamente de los sistemas que van a ayudar a otros a encontrarla? Durante cierto tiempo hemos planteado el conflicto como si solo existieran dos posibilidades: permitir que la IA use las obras o mantenerlas completamente fuera.

El informe de Proyecto451 permite afinar mucho la pregunta porque separa operaciones que suelen mezclarse. Entrenar un modelo con una obra no es lo mismo que indexarla, buscar dentro de ella o utilizar un sistema de recuperación que consulta fuentes externas en el momento de responder. El informe distingue expresamente entrenamiento, indexación y RAG, Retrieval-Augmented Generation y en español, generación aumentada por recuperación. RAG es un sistema que permite a una IA consultar fuentes externas en el momento de responder, sin necesidad de haber sido entrenada con ese contenido. No implica necesariamente entrenar el modelo con esos libros. El contenido puede consultarse en el momento de responder sin incorporarse al entrenamiento del modelo.


Penguin Random House ofrece un ejemplo especialmente interesante. Proyecto451 documenta que el grupo reserva sus obras frente al entrenamiento y, al mismo tiempo, participa en un servicio de consulta de libros comprados dentro de Gemini. No conocemos públicamente todas las condiciones del acuerdo, pero la coexistencia de ambas decisiones rompe la muy falsa alternativa que oscila entre proteger una obra frente al entrenamiento mientras no obliga necesariamente a eliminarla de cualquier sistema de consulta o recuperación.    

Puede existir una tercera vía. Podemos proteger determinados usos y, a la vez, permitir una presencia mediante recuperación, metadatos, fragmentos autorizados, fuentes identificables, sistemas de consulta y acuerdos de atribución. Entonces la cuestión estratégica deja de ser solamente cómo impedimos que las máquinas utilicen nuestros libros y pasa a ser cómo conseguimos que sepan que existen sin tener que regalárselos.

Y claro, ya entran cuestiones como la atribución, la procedencia, el control económico, los derechos y la capacidad de decidir qué se ofrece a qué sistema y bajo qué condiciones. La futura visibilidad de un autor no debería tener que pagarse entregando gratuitamente su obra como materia prima de entrenamiento.


La pregunta que me parece aún más interesante es cómo conseguimos que una obra sea legible y localizable para las máquinas sin dejar de estar gobernada por quienes tienen derechos sobre ella. Esa preocupación enlaza directamente con algo que llevo tiempo desarrollando en El futuro de los escritores con inteligencia artificial: lo que nadie puede hacer por ti.


  • Entrenamiento, indexación y recuperación no son la misma operación.

  • Proteger una obra no obliga necesariamente a desaparecer de los sistemas de IA.

  • Visibilidad y control pueden diseñarse de formas distintas.

  • La atribución y la procedencia serán cuestiones cada vez más importantes.

  • Estar presente no debería significar renunciar al control sobre la explotación de una obra.


7. El valor del escritor no está en ganarle una competición técnica a la IA

Durante bastante tiempo hemos intentado defender al escritor señalando aquello que una IA supuestamente no podía hacer, ¿verdad?, como, por ejemplo, rear determinada asociación, inventar una metáfora realmente nueva, nombrar algo que todavía no tenía nombre o alcanzar determinada clase de intuición. Esa defensa tiene un problema bastante evidente y es que cada vez que los modelos mejoran, nos obliga a mover la frontera y a encontrar rápidamente una operación que todavía podamos declarar exclusivamente humana.

No me interesa construir una idea de la literatura cuya supervivencia dependa de demostrar que una máquina es técnicamente incapaz de producir determinada frase. Es una posición débil y además acepta el terreno de juego que deberíamos cuestionar antes y de partida. Una máquina puede producir una frase inédita, generar una metáfora sorprendente, crear una combinación estadísticamente extraña e incluso impresionarnos. El valor humano de la escritura no necesita descansar sobre una supuesta incapacidad eterna de la tecnología porque va mucho, muchísimo más allá.


Lo que una máquina no tiene es una biografía que la haya conducido hasta esa frase. No necesitaba decirla, no arriesga nada al hacerlo, no responde ante nadie por haberla formulado y no viene de atravesar durante años una experiencia que finalmente ha encontrado una forma. Esa diferencia no convierte automáticamente una frase humana en buena literatura, del mismo modo que una vida interesante tampoco convierte a nadie automáticamente en buen escritor. Sitúa la pregunta en otro lugar.

Es lo que he desarrollado también en La promesa de lo inefable. El valor de escribir no está en realizar una operación formal que una máquina jamás pueda imitar, sino en el proceso por el que una persona entra en una zona todavía informe de la experiencia, permanece allí, mira, prueba palabras, fracasa, vuelve y termina encontrando una frase capaz de convertir algo que hasta entonces solo existía dentro de ella en una experiencia transmisible.

La diferencia importante consiste en reconocer que el humano puede responder por qué necesitaba producirla, de dónde venía y qué estaba intentando hacer con ella. Me parece una diferencia menos espectacular, mucho más profunda y mucho más resistente a cualquier mejora técnica porque es, sencillamente, reflejo directo de una verdad interior humana.


  • Defender al escritor por las limitaciones actuales de la IA es una estrategia frágil.

  • La tecnología puede mejorar sin que desaparezca el valor humano de escribir.

  • La diferencia no depende únicamente del resultado formal.

  • Experiencia, necesidad, intención y responsabilidad forman parte del proceso humano.

  • La pregunta útil deja de ser quién ejecuta mejor una destreza y pasa a ser desde dónde nace la escritura.


8. La verdadera escasez ya no es producir texto

El valor de producir textos se ha desplomado. No significa que haya perdido valor producir una buena novela. Las cifras del mercado que acabamos de ver indican exactamente lo contrario. Lo que ha caído brutalmente es el coste de producir texto plausible, correcto, gramatical, razonablemente coherente y con la apariencia superficial de haber sido escrito por alguien que sabe juntar palabras.


Durante siglos esas dos cosas estuvieron parcialmente unidas. Producir una cantidad considerable de texto coherente exigía un determinado dominio de la escritura, aunque después el resultado pudiera ser mediocre. Ahora ya no. Podemos producir en segundos páginas formalmente correctas, de modo que la mera existencia del texto deja de funcionar como una prueba mínima de capacidad. Esta idea la desarrollé hace meses tanto en Nadie te ha avisado: la IA ya ha cambiado al escritor para siempre como en mi artículo sobre el futuro de los escritores con inteligencia artificial.


Cuando una cosa deja de ser escasa, el valor tiende a refugiarse en aquello que continúa siéndolo. En este caso hablamos de atención del lector, perspectiva reconocible, criterio fiable, confianza, procedencia, tiempo invertido, relación construida con una comunidad y capacidad para distinguir algo valioso entre cantidades enormes de contenido perfectamente presentable. Nada de eso nace con la IA. Existía mucho antes, aunque resultaba más fácil confundir la dificultad material de producir texto con el valor de escribir.

Quizá una de las frases que mejor resume este cambio sea también una de las más sencillas: la IA no destruye necesariamente el valor editorial, sino que obliga a demostrar dónde estaba de verdad. Si ese valor estaba en seleccionar, acompañar, intervenir, leer, construir una mirada, mantener una relación con el lector y asumir responsabilidad por un catálogo, tendrá que verse con mucha mayor claridad cuando las tareas que rodeaban ese trabajo puedan automatizarse.


  • Producir texto plausible cuesta cada vez menos.

  • Una buena novela no ha perdido por eso su valor.

  • La escasez se desplaza hacia atención, criterio, confianza y perspectiva.

  • La IA obliga a distinguir producción textual de valor narrativo.

  • También obliga a las editoriales a demostrar qué aportaban realmente.


9. El editor tendrá que demostrar para qué sirve

Esto vale también para el editor. Durante mucho tiempo una editorial ha controlado escaseces muy concretas como la impresión, la distribución, el acceso a librerías, el capital, las relaciones con medios, la selección, la producción y la capacidad para convertir un manuscrito privado en un objeto público que circula por el mercado y entre los lectores. Todo eso sigue teniendo valor y no va a desaparecer porque exista una inteligencia artificial.

Lo que ocurre es que ya no basta para explicar por sí solo la autoridad editorial. Si producir cubiertas, textos promocionales, audios, traducciones preliminares, metadatos y otros materiales auxiliares se abarata muchísimo, el editor tendrá que mostrar con mayor claridad qué aporta más allá de la capacidad industrial para fabricar y distribuir un libro.


Tendrá que demostrar que su selección tiene sentido, que su intervención mejora una obra y que sabe distinguir entre una señal comercial inmediata y un verdadero criterio editorial.

También tendrá que poder explicar qué partes del proceso fueron humanas, cuáles estuvieron asistidas, cómo trata los materiales inéditos y qué garantías ofrece a quienes le entregan una obra que todavía no existe públicamente. Proyecto451 dedica una parte importante de su guía precisamente a usos internos, proveedores, originales, confidencialidad, trazabilidad y decisiones previas. El informe recuerda, por ejemplo, que un original inédito es simultáneamente una obra protegida y una información confidencial y que desactivar una opción de entrenamiento no resuelve automáticamente cuestiones de conservación, acceso o tratamiento del contenido.     


Y será imperativo seguir haciendo algo que quizá adquiera todavía más valor en un ecosistema saturado: construir un catálogo. No una pila de títulos que individualmente parecen capaces de funcionar, sino una continuidad de elecciones que permita reconocer una mirada y entender por qué determinados libros están juntos bajo un mismo sello. Durante años nos ha gustado describir al editor como guardián de una puerta. Creo que esa imagen empieza a quedarse pequeña.


Mi propia formulación para lo que puede venir es otra: el editor tendrá que convertirse cada vez más en garante de procedencia, criterio y confianza. Procedencia para poder explicar de dónde sale lo que publica; criterio para justificar por qué lo ha elegido; confianza para que autores y lectores sepan qué significa exactamente encontrarse un libro bajo determinado sello. Esa función resulta bastante más exigente que la vieja imagen del portero que decide quién entra.


  • La infraestructura editorial sigue teniendo valor, pero ya no basta para justificar autoridad.

  • La automatización obliga a explicar mejor qué aporta un editor.

  • Transparencia, confidencialidad y trazabilidad ganarán peso.

  • Construir catálogo seguirá siendo una función central.

  • El editor puede convertirse en garante de procedencia, criterio y confianza.


10. No existe una política humana si solo protege al novelista

Hay una contradicción especialmente interesante en algunas de las posiciones que recoge Proyecto451. Varias compañías defienden claramente derechos de autores frente al entrenamiento de modelos externos y, al mismo tiempo, experimentan o participan en procesos de automatización en audio, traducción y otras partes de la cadena. El informe documenta también políticas que separan usos operativos y creativos y prácticas distintas según la clase de trabajo afectada.     


¿Obligarnos a concretar qué queremos decir exactamente cuando hablamos de proteger la creación humana? No estaría nada mal, pero dado el secretismo del sector (que siempre he comparado al del Vaticano), será difícil. Quedarían una serie de preguntas en el aire:

  • Si la novela tiene que seguir siendo humana, ¿qué ocurre con la traducción?

  • Si el autor merece protección por su voz, ¿qué sucede con la persona que pone voz al audiolibro?

  • Si defendemos la autoría literaria, ¿consideramos igualmente relevante la autoría de una cubierta?

  • Si exigimos consentimiento al escritor para determinados usos de su obra, ¿hasta qué punto participan traductores, ilustradores, correctores o narradores en decisiones tecnológicas que pueden alterar de raíz el valor de su trabajo?


Una novela publicada no es únicamente el archivo de Word que entrega el escritor. Es una construcción en la que pueden intervenir autor, editor, traductor, corrector, diseñador, ilustrador, narrador, fotógrafo, documentalista, maquetador, lector editorial y otros profesionales. Podemos decidir legítimamente que no todos esos trabajos tienen el mismo régimen jurídico ni el mismo grado de intervención creativa, pero me parece difícil llamar humanista a una política que solo descubre la importancia del trabajo humano cuando llegamos al novelista, ¿verdad?


Resulta significativo que una de las primeras polémicas visibles relacionadas con IA en la ficción española no surgiera porque alguien hubiera publicado una novela escrita completamente por una máquina. Surgió por una cubierta, la de Juana de Arco, de Katherine J. Chen, publicada por Destino. Ni Ana, ni Martina ni el jefe se han pronunciado al respecto. Silencio de Vaticano. Y los autores de la casa guardan silencio porque más vale pájaro volando que...


Quizá deberíamos haber prestado más atención. El caso mostraba ya algo que el debate posterior ha hecho más evidente como la automatización no necesita entrar por el centro simbólico del libro para transformar su ecosistema. Puede empezar perfectamente por los bordes.


  • Proteger la creatividad humana exige mirar más allá del novelista.

  • Traducción, ilustración, corrección y narración también forman parte del libro.

  • Los trabajos no tienen por qué recibir idéntico tratamiento jurídico para importar culturalmente.

  • La automatización puede entrar por tareas consideradas periféricas.

  • Los bordes del libro también forman parte de su ecosistema creativo.


11. América Latina tiene además otro problema

Hablar de «Latinoamérica» como si fuera una única realidad sería absurdo. Las legislaciones son diferentes, los mercados también, las estructuras editoriales no tienen el mismo grado de concentración y los derechos de autor, los contratos y la protección de datos deben comprobarse país por país. Proyecto451 insiste precisamente en esa cautela y en que su análisis cubre España y América Latina, pero advierte que cada jurisdicción necesita una validación propia.     


Aun así, aparecen problemas que permiten establecer conexiones. Brasil tiene una de las respuestas sectoriales más desarrolladas de la región. La Câmara Brasileira do Livro publicó en mayo de 2026 su Manual de Boas Práticas de IA em Editoras Brasileiras, apoyado en la norma ABNT NBR ISO/IEC 42001, con directrices sobre texto, imágenes, audiolibros, contratos y utilización de contenidos. Proyecto451 señala, además, que el grupo contó con HarperCollins Brasil, Planeta y Bookwire.    

 

A partir de ese marco aparece otra cuestión que me preocupa especialmente y que no se limita a derechos o empleo. Muchas de las herramientas que estamos incorporando se han construido sobre conjuntos de datos donde determinadas lenguas, sensibilidades, referencias, estructuras culturales y tradiciones aparecen muchísimo más que otras. La cuestión de la singularidad deja entonces de afectar solamente al escritor individual y empieza a tocar formas culturales y lingüísticas enteras de mirar el mundo.


Colombia ofrece otro tipo de respuesta mediante Signal/SIMEH, un sistema que permite declarar sobre catálogos si se autoriza, reserva o licencia la minería y que incorpora huella ISCC y sello de tiempo. ISCC es la sigla para nombrar el International Standard Content Code. Es un identificador digital que genera una huella única del contenido para poder reconocerlo, registrarlo y rastrear sus versiones. No certifica por sí solo la propiedad de la obra.


Proyecto451 registraba 25.278 publicaciones por formato el 22 de septiembre de 2026 y advierte correctamente que no tienen por qué corresponder a 25.278 obras distintas. No es una certificación independiente de titularidad, pero sí resulta interesante por algo muy concreto, y aquí está lo llamativo, ya que intenta convertir la posición sobre los derechos en infraestructura legible por máquinas.    


Argentina permite ver con claridad otra paradoja, la de las editoriales pequeñas. Una independiente puede poseer exactamente aquello cuyo valor aumenta en un ecosistema saturado como identidad, catálogo, cercanía, coherencia, especialización y una mirada reconocible. Suele disponer, al mismo tiempo, de muchos menos recursos que un gran grupo para pagar entornos privados, desarrollar tecnología propia, controlar proveedores o negociar con empresas tecnológicas.


La IA puede hacer dos cosas aparentemente opuestas al mismo tiempo como aumentar el valor cultural de la diferencia e incrementar el poder económico de esa diferencia. Una editorial pequeña puede volverse más valiosa precisamente porque no parece intercambiable y, al mismo tiempo, tener menos capacidad para defender esa diferencia dentro del nuevo ecosistema. No existe ninguna contradicción entre ambas cosas. El conflicto reside precisamente en este factor.


  • América Latina no puede analizarse como un único mercado ni una única jurisdicción.

  • Brasil y Colombia muestran respuestas institucionales y técnicas diferentes.

  • Las lenguas y culturas menos representadas plantean una cuestión adicional a la del copyright.

  • Las independientes pueden ganar valor cultural mientras pierden poder tecnológico.

  • La IA puede aumentar simultáneamente diferencia cultural y concentración económica.


12. Lo verdaderamente inquietante no es una novela escrita por una máquina

Cuanto más miro este asunto, menos me preocupa la imagen espectacular con la que empezamos hace unos años en la que miles de novelas escritas íntegramente por IA llenaban las librerías y erradicaban de golpe a los escritores. Puede ocurrir en cierta medida o puede no ocurrir. Ya veremos. Yo no lo creo.


Existe un escenario mucho menos cinematográfico que me parece bastante más interesante y que, además, empieza antes. ¿Qué puede suceder y en qué puede consistir?

  • autores que delegan poco a poco el proceso mediante el que descubrían qué querían decir y editores que reciben una interpretación del manuscrito antes de haber leído el manuscrito.

  • sistemas de recomendación que modifican la manera en que las obras llegan al lector y editoriales que automatizan zonas invisibles de la producción mientras su representación pública continúa descansando sobre figuras humanas.

  • también traductores, correctores e ilustradores sometidos a una presión económica creciente mientras la industria continúa hablando de defensa de la creatividad.


Hay otra posibilidad todavía más sutil y quiero mantenerla expresamente en el terreno de la hipótesis. Si las herramientas de análisis y clasificación funcionan mejor cuanto más reconocibles son los patrones, un ecosistema muy dependiente de ellas podría empezar a favorecer, sin proponérselo, aquello que se deja clasificar, comparar y describir con mayor facilidad. En ese escenario, los libros verdaderamente raros, extraños o nuevos podrían encontrarse con una dificultad añadida precisamente porque se parecen menos a aquello con lo que un sistema sabe compararlos. Y habrá libros que tengan el valor de lo más buscado, verdaderas joyas.


No tenemos datos que demuestren que la IA esté homogeneizando ya la selección editorial de ficción y sería irresponsable afirmarlo. Es una hipótesis, no un hecho. Me parece suficientemente plausible como para vigilarla, porque sería extraordinariamente irónico que la industria proclamara que la singularidad será el gran valor del futuro mientras desarrolla herramientas que facilitan sistemáticamente el reconocimiento de lo familiar.


La literatura ha avanzado muchas veces gracias a libros que al principio parecían difíciles de clasificar, de vender o incluso de explicar. Si alguna vez dejamos que la facilidad de clasificación empiece a confundirse con la facilidad de valoración, podemos terminar penalizando precisamente lo que decimos querer proteger.


  • El escenario más relevante no necesita novelas completamente generadas por IA.

  • La transformación puede producirse mediante delegaciones pequeñas y acumulativas.

  • La clasificación algorítmica podría crear nuevos sesgos de reconocimiento.

  • No existe prueba de homogeneización editorial y debe presentarse como hipótesis.

  • Los libros menos clasificables pueden ser precisamente los que más necesiten criterio humano.


13. Diez conclusiones para una discusión que acaba de empezar

Ahora mismo mis conclusiones son más intensas que hace unos meses. Ya no estamos únicamente intentando imaginar qué podría hacer la inteligencia artificial dentro del libro. Tenemos suficientes indicios para empezar a preguntar qué está haciendo ya ahora mismo y qué decisiones tendremos que tomar antes de que la suma de pequeñas automatizaciones acabe tomándolas por nosotros.


1. La práctica está avanzando más rápido que las opiniones

Ya no estamos ante una conversación hipotética. Existen usos de IA dentro de procesos editoriales y, al mismo tiempo, siguen siendo escasas las políticas públicas completas en buena parte de la edición general española. Proyecto451 documenta esta diferencia y recuerda además que la ausencia de una política pública localizada nunca demuestra ausencia de políticas internas.     


La cuestión no es exigir que cada empresa publique inmediatamente hasta el último detalle de sus procedimientos. Cuanto mayor sea la distancia entre práctica y normas, reglas, límites, responsabilidades y procedimientos que una editorial establece para decidir cómo se usa la IA, más fácil resultará que decisiones inicialmente provisionales se conviertan en norma simplemente porque ya están integradas en el flujo de trabajo.


2. La ficción no está perdiendo valor. Lo está perdiendo el texto plausible como bien escaso

España, México y Brasil muestran mercados de ficción con crecimiento importante. Sería un error concluir que, si las máquinas pueden producir texto, los libros necesariamente valdrán menos. El cambio económico es otro: producir miles de palabras aparentemente competentes cuesta cada vez menos, mientras atención, criterio, selección, confianza y procedencia siguen siendo recursos escasos.


¿Puede acabar aumentando el valor de algunos trabajos editoriales en lugar de reducirlo, siempre que esos trabajos demuestren realmente qué aportan? Cuanto menos cuesta generar texto, más importante resulta saber por qué este texto y no otro merece nuestro tiempo.


3. Necesitamos hablar de IA de criterio

La distinción entre IA operativa e IA creativa no alcanza para explicar todo lo que ocurre alrededor de la ficción. Entre ambas existe una zona decisiva formada por lectura previa, evaluación, comparables, clasificación, posicionamiento y desarrollo. Propongo llamar IA valorativa a esa zona.


Un sistema puede no escribir una sola palabra de una novela y, aun así, condicionar profundamente cómo será interpretada y qué oportunidades tendrá. Si creemos que el criterio editorial será uno de los bienes escasos del futuro, esta parte del proceso merece tanta atención como la generación de texto.


4. El criterio humano solo será creíble cuando produzca alguna renuncia

Resulta muy fácil defender simultáneamente humanidad, eficacia, automatización, velocidad y criterio. La dificultad aparece cuando dos de esas cosas entran en conflicto y alguien tiene que elegir. Si declaramos que el criterio humano es esencial, habrá procesos que quizá no convenga automatizar aunque hacerlo resulte más barato o permita trabajar más deprisa.


Pagar más, trabajar más lentamente o asumir una productividad menor en determinados puntos serían los precios. Los principios empiezan a ser realmente principios cuando cuestan algo. Antes son declaraciones de intención.


5. Proteger derechos y estar presente en la IA no son objetivos incompatibles

Entrenamiento, recuperación e indexación no son la misma cosa. Una obra puede reservarse frente a determinados usos y, al mismo tiempo, estar disponible dentro de sistemas que permitan encontrarla, consultarla o citarla bajo condiciones concretas. Proyecto451 distingue expresamente esas operaciones.   


La pregunta estratégica no será únicamente cómo impedimos que las máquinas lean nuestros libros, sino cómo conseguimos que sepan que existen, los identifiquen correctamente y remitan a ellos sin exigir a cambio que el titular pierda el control sobre su explotación.


6. El valor humano de la escritura no depende de demostrar una incapacidad técnica de la máquina

No sabemos qué será capaz de generar una IA dentro de cinco años y construir toda una defensa de la literatura sobre sus limitaciones actuales me parece una mala idea. El valor humano de la escritura puede enraizarse en la experiencia, la necesidad, la intención, la responsabilidad y las consecuencias sin necesidad de demostrar que existe una determinada floritura formal inaccesible para una máquina.


Una persona no solo produce una frase. Puede explicar por qué necesitaba escribirla, desde dónde surgió y qué estaba intentando alcanzar con ella. Ese origen no garantiza que la frase sea buena, pero sitúa la escritura humana en un terreno bastante más interesante.


7. La procedencia puede convertirse en una de las grandes cuestiones editoriales

Dentro de unos años quizá no baste con decir que algo «parece humano». Importarán procesos, versiones, declaraciones de uso, contratos, registros y trazabilidad. Proyecto451 propone precisamente que, ante una sospecha sobre un original, se trabaje con trazabilidad y derecho de descargo. Así mismo advierte que actuar antes de comprobar puede perjudicar tanto al autor como a la editorial.  


Nada de esto conlleva convertir la escritura en una inspección policial ni obligar a cada autor a demostrar continuamente su inocencia. Implica que cuando producir un resultado final verosímil resulta cada vez más fácil, el proceso y la procedencia pueden adquirir un valor que antes dábamos por supuesto.


8. La política de IA puede convertirse en parte de la identidad editorial

Hoy reconocemos un sello por sus autores, traducciones, cubiertas, catálogo, diseño y tipo de libros que selecciona. Mañana quizá también lo reconozcamos por cómo trabaja y qué automatiza, qué decide no automatizar, qué declara, qué protege, qué exige a sus proveedores y qué información ofrece al lector.


No sabemos todavía cuánto pesará esto en las decisiones de compra y sería absurdo afirmar que un lector elegirá un libro únicamente por su política de IA. La confianza rara vez se construye con una sola característica. Se construye mediante señales acumuladas, y la manera de utilizar la tecnología puede convertirse en una de ellas.


9. Las independientes poseen algo cada vez más valioso y cada vez más vulnerable

Identidad, coherencia, proximidad y criterio reconocible pueden adquirir muchísimo valor en un ecosistema saturado de contenidos. Una editorial pequeña y definida puede resultar más fácil de reconocer precisamente porque no intenta ocupar todo el mercado y porque sus elecciones producen una relación más transparente con determinados lectores.


Al mismo tiempo, suele tener menos recursos para controlar tecnológicamente el nuevo ecosistema, contratar soluciones privadas, negociar con grandes plataformas o evaluar jurídicamente cada proveedor. La IA puede fortalecer su diferencia cultural y debilitar simultáneamente su posición económica.


10. En América Latina está en juego algo más que empleo y copyright

También está en juego quién define la normalidad lingüística y cultural de los sistemas que utilizaremos para escribir, traducir, buscar, recomendar y editar. Si las herramientas globales tienden hacia patrones dominantes porque esos patrones están sobrerrepresentados en sus datos, la ficción producida desde culturas menos presentes adquiere una importancia todavía mayor.


No estoy hablando de que haya que entregar contenido específico a una máquina para que complete su colección. Quiero llamar la atención sobre el factor de la diferencia que enriquece desde el lenguaje, las formas de pensar y las experiencias que, precisamente porque no son dominantes, amplían lo que podemos imaginar.


  • La IA ya está modificando procesos antes de que exista una norma pública homogénea.

  • El nuevo bien escaso no es el texto plausible, sino atención, criterio, confianza y procedencia.

  • La IA de criterio merece una conversación propia.

  • Derechos, visibilidad y recuperación pueden diseñarse sin reducir el problema a un sí o un no.

  • La discusión de fondo trata de quién conserva capacidad para decidir qué merece atención.


Preguntas frecuentes

¿Cómo están utilizando ya las editoriales la inteligencia artificial?

La IA puede intervenir en metadatos, análisis de catálogo, marketing, generación de materiales, clasificación, traducción, audio, búsqueda de comparables y otros procesos. El grado de utilización y las políticas públicas varían mucho entre editoriales, y la ausencia de una política pública no demuestra que una empresa no tenga reglas internas o no utilice estas herramientas.


¿Puede la IA influir en el criterio editorial sin escribir una novela?

Sí. Puede resumir un manuscrito, clasificarlo, buscar comparables, organizar originales o producir análisis que condicionen la manera en que una persona entra posteriormente en la obra. Propongo llamar IA valorativa a esta zona intermedia entre los usos puramente operativos y la generación creativa.


¿Puede una editorial utilizar IA para evaluar manuscritos?

Técnicamente puede utilizar herramientas capaces de analizar, resumir o clasificar textos. La cuestión editorial no termina en saber si puede hacerlo, sino en decidir qué intervención resulta compatible con el criterio que la editorial dice querer conservar y qué información debería recibir el editor antes de enfrentarse personalmente al manuscrito.


¿Qué diferencia existe entre entrenar una IA con un libro y permitir que lo consulte?

Entrenar significa utilizar el contenido para ajustar los parámetros de un modelo. Un sistema de recuperación puede consultar una fuente externa en el momento de responder sin que esa consulta equivalga por sí misma a entrenamiento. Proyecto451 distingue expresamente entrenamiento, indexación y recuperación como usos diferentes.


¿Cómo puede un escritor proteger su obra sin desaparecer de los sistemas de IA?

La protección frente al entrenamiento y la presencia mediante indexación, recuperación, metadatos o sistemas autorizados no tienen por qué ser incompatibles. El problema estratégico consiste en decidir qué usos se permiten, cuáles se reservan y cómo se mantiene atribución, control y trazabilidad.


¿Puede la inteligencia artificial sustituir el criterio de un editor?

La pregunta resulta demasiado simple si se plantea como sustitución total. Puede influir en fases que preceden a la decisión humana y modificar la información con la que el editor se aproxima a una obra. La cuestión verdaderamente interesante consiste en saber cuánto criterio queremos conservar antes de que esa mirada haya sido preparada por una máquina.


Conclusión: entonces, ¿dónde está de verdad la pelea?

No creo que la batalla de la ficción frente a la inteligencia artificial vaya a decidirse averiguando quién escribe mejor, si un humano o una máquina. Esa carrera puede proporcionar titulares, pruebas divertidas y muchas discusiones, pero empieza a parecerme casi una distracción frente a lo que ya está ocurriendo.

El conflicto importante está en quién conserva la capacidad de producir sentido, quién controla los filtros, quién decide qué merece atención, quién posee los derechos, cómo se demuestra la procedencia de una obra y de qué manera entran los libros en sistemas de recomendación cada vez más importantes.

También está en las tareas que aceptamos delegar, en cuánto poder conserva el autor y en para qué seguimos necesitando un editor cuando una parte creciente de la producción material puede abaratarse o automatizarse. Al final, todo desemboca en una cuestión bastante más sencilla, en quién decide confiar el lector cuando producir texto ya no es difícil.


Hace unos meses me preguntaba qué seguiría siendo del escritor cuando generar texto dejara de ser excepcional. Después miré al editor y me pregunté qué significaba realmente defender el criterio. Más tarde regresé a la palabra y a esa zona extraña donde algo que todavía no sabíamos decir consigue finalmente ser dicho. Proyecto451 añade ahora una cuarta pieza a esa secuencia y es que nada de esto puede quedarse en declaraciones bonitas, porque tarde o temprano tendrá que convertirse en contratos, derechos, procedimientos, herramientas, límites, consentimiento, dinero, trazabilidad y decisiones.


«Voz», «singularidad», «criterio», «creatividad» y «humanidad» son palabras magníficas y seguramente seguirán siendo fundamentales para explicar qué queremos conservar. Existe una pregunta más decisiva para saber cuánto valen de verdad y llevo meses dándole vueltas desde distintos lugares: ¿qué estás dispuesto a no hacer para conservarlas? Si la respuesta es nada, quizá no estábamos hablando de principios. Quizá solo estábamos hablando de los zapatos.


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Sobre la autora

Jimena Fer es editora y asesora narrativa y lleva más de veinte años trabajando con escritores y manuscritos. Su trabajo se centra en el análisis narrativo, el desarrollo de novelas, el editing y la construcción de criterio propio para que los autores puedan entender qué están haciendo, por qué funciona o no funciona y qué decisiones tienen realmente delante.


Fuente de origen y fuentes consultadas

Este artículo es una elaboración original de Jimena Fer Libro. La estructura argumental, la categoría IA valorativa, la relación entre criterio y renuncia, la oposición entre humanidad visible y automatización invisible, la reflexión sobre la nueva escasez del texto y la formulación del editor como garante de procedencia, criterio y confianza forman parte de su trabajo y de una línea de pensamiento desarrollada anteriormente en sus artículos sobre escritores, editores e inteligencia artificial.


La principal fuente documental nueva es Proyecto451, La política de IA de tu editorial. Relevamiento de los grandes grupos y guía para definir la tuya, versión 14, septiembre de 2026. El informe estudia políticas públicas, declaraciones, prácticas documentadas, licenciamiento, utilización interna, protección de originales, España y América Latina y distingue expresamente entre aquello que está publicado, lo declarado y lo que no ha podido localizarse.    

También se han utilizado datos de la Federación de Gremios de Editores de España, Comercio Interior del Libro en España 2025; CANIEM/NielsenIQ, para el mercado mexicano; CBL/SNEL/Nielsen, para Brasil; información sobre producción editorial argentina correspondiente a 2025; y el estudio de CERLALC sobre inteligencia artificial y sector editorial iberoamericano.


Como antecedentes propios de esta investigación se han utilizado también los seis artículos de Jimena Fer Libro enlazados en el apartado anterior. Estas piezas documentan que varias de las ideas desarrolladas aquí, especialmente la caída del valor de producir texto como bien escaso, el problema del criterio editorial y la diferencia entre resultado textual y experiencia humana, son anteriores a la publicación del informe de Proyecto451.


La inteligencia artificial puede hacer cada vez más cosas dentro de un libro. La cuestión decisiva será qué partes del libro y de su mundo decidimos seguir considerando demasiado valiosas como para delegarlas sin pensar.

 
 
 

1 comentario


Ruben Gendelman
01 oct

Hola, utilice la IA, le prohibi terminantemente cambiar o alterar una palabra, o una idea que podia cambiar la intencion, en absoluto, ni siquiera la posicion de comas o puntos. Solamente acepte que me cuide algun error por falta de mayuscula o uno que otro acento si faltaba o estaba de mas. Como mi libro esta compuesto de varios escritos cortos, la organizacion en capitulos por temas si acepte su ayuda. Mantuve la creatividad y rechaze todo intento de intervenir en la idea de lo escrito, el significado o la intencion, que siendo a veces humoristica o de doble sentido, no acepta ninguna correccion. Cerrada la puerta a la IA en este sentido.

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